¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes?

En el siguiente artículo se recogen una serie de ideas de gran relevancia extraídas del libro “¿Qué está haciendo internet con nuestras mentes? Superficiales”, escrito por Nicholas George Carr entre los años 2007 y 2010. El libro fue publicado originariamente en inglés bajo el nombre de “The Shallows: How the Internet Is Changing the Way We Think”, por la editorial W. W. Norton & Company. En España se publicó en 2011 por la Editorial Taurus.

Portada de Superficiales, de Nicholas Carr

La obra comienza con una breve introducción sobre el libro que Marshall Mcluhan publicaba en 1964, “Comprender los medios de comunicación”. En él, Mcluhan comentaba cómo los medios eléctricos del siglo XX estaban moldeando a las personas. Dicho de otro modo, “las mentes aisladas y fragmentadas, encerradas durante siglos en la lectura privada de páginas impresas” estaban cambiando su forma de pensar. Según Mcluhan, el medio nos moldea, altera nuestros patrones de percepción y, por consiguiente, nos da forma como sociedad.

El autor explica cómo están afectando las TIC en nuestras mentes y cómo estas nos están modificando la forma en la que procesamos y pensamos. Según Carr, “la mente lineal y literaria ha estado en el centro del arte, la ciencia y la sociedad”. No obstante, señala que esa mente lineal y literaria “calmada, concentrada, sin distracciones” está siendo sustituida por “una nueva clase de mente que quiere y necesita recibir y diseminar información en estallidos cortos, descoordinados, frecuentemente solapados (cuanto más rápido, mejor)”. El propio Nicholas Carr cuenta, que, a base de cambiar sus hábitos y rutinas, sobre todo por usar internet, su mente se estaba transformando.

Las herramientas nos dan forma, esto nos recuerda a la famosa frase de Marshall Mcluhan. Al comienzo de la obra, se abordan algunos conceptos más bien biológicos sobre el funcionamiento de nuestra mente. Uno de los más interesantes que aquí se plantean es la neuroplasticidad. Esta teoría postula que, el cerebro, ya sea joven o adulto, es maleable, es decir, que se le puede dar forma. Dicho de otro modo, podemos formar nuevos circuitos neuronales a lo largo de nuestras vidas. Tal y como señaló J. Z. Young en 1950 “las células de nuestro cerebro literalmente se desarrollan y aumentan de tamaño con el uso, así como se atrofian o consumen por falta de uso”. Un experimento muy importante para entender cómo la experiencia sobre algo nos modifica es el del científico Eric Kandel. El experimento consistía en que, si le tocaban las branquias a una babosa marina llamada ‘Aplysia’, el animal se contraía. Pero si se le tocaba repetidamente las branquias, la babosa se habituaba al contacto y perdía el miedo. Tal y como señala Kandel, la investigación mostró que “las sinapsis pueden experimentar cambios grandes y duraderos que solo requieren una cantidad relativamente pequeña de entrenamiento”. Es así, de este modo, como las herramientas que utilizamos, con las que estamos en continuo contacto, nos modifican y nos dan forma.

“El cerebro, ya sea joven o adulto, es maleable, es decir, que se le puede dar forma. Dicho de otro modo, podemos formar nuevos circuitos neuronales a lo largo de nuestras vidas”.

Carr señala como punto de inflexión la invención del reloj, el cual, según el autor, “había redefinido el tiempo como una serie de unidades de igual duración” y de este modo “nuestra mente comienza a destacar el metódico trabajo mental de la división y la medición”. Lewis Mumford, en su obra ‘Técnica y civilización’ destacó que “el marco abstracto del tiempo dividido” se transformó en “punto de referencia para la acción y el pensamiento”. Dando lugar a la alteración de nuestras acciones y formas de pensar en el final de la Edad Media. Carr divide las tecnologías en cuatro categorías, “según su forma de complementar o ampliar nuestras capacidades innatas”. La que más peso de todas tiene en esta obra es la cuarta categoría, donde se encontrarían las “tecnologías intelectuales”, entre las que destacarían el ordenador, el ábaco o una regla de cálculo. Estas herramientas nos permiten ampliar nuestra capacidad mental y nuestra memoria. Y según señala el autor, “ejercen el poder más grande y duradero sobre qué y cómo pensamos, ya que las utilizamos para la autoexpresión”. De este modo, cuando las tecnologías intelectuales se extienden al uso generalizado, pueden llegar a propiciar nuevas formas de pensar.

Carr repasa la evolución de los distintos soportes desde las tablillas sumerias hasta el papel. Del paso de lo verbal a lo escrito. Señala cómo los primeros códices eran leídos en voz alta, ya que venían de una cultura en la que se aprendía por lo verbal y todo giraba en torno a eso. En el año 380, san Agustín recoge en su libro ‘Confesiones’ cómo San Ambrosio, obispo de Milán, leía para sí mismo. Posiblemente él fuera una de las primeras personas en leer en privado. Lo veían como algo extraño, como si no tuviese la capacidad para hablar en voz alta. No obstante, esto ayudó a que el desarrollo del conocimiento se convirtiese en algo más privado, de tal forma que podía ir en contra de lo establecido y llegar a ser intransigente.

El autor habla sobre Internet y las redes pertenecientes a las tecnologías intelectuales. Así mismo, destaca que cuanto más utilizamos estas tecnologías, menos utilizamos el papel y las tecnologías precursoras de internet. Nos introduce en el hipertexto, concepto que es totalmente opuesto al pensamiento lineal. Los hiperenlaces influyen en el modo en que leemos textos, ya no leemos todo de principio a fin para entender algo (pensamiento lineal), sino que hacemos saltos a través de la web, discriminando lo que nos vale y lo que no.

“Cuanto más utilizamos estas tecnologías, menos utilizamos el papel y las tecnologías precursoras de internet”.

Carr comenta las ventajas que el libro tiene frente al ordenador. Así mismo, destaca cómo el ordenador, además de cambiar nuestra forma de leer (mucho más distraída), ha cambiado nuestra forma de escribir. También nombra una importante editorial, ‘Simon & Schuster’, la cual ha empezado a publicar novelas electrónicas con videos incrustados. En cuanto al cambio en la forma de escribir, Carr señala que en el ordenador se crean contenidos menos trabajados, ya que da la posibilidad de editar un texto una vez terminado.

El autor atiende al concepto del ansia de información, de consumo rápido y sencillo. De este modo, apoyándose en estudios de científicos de distintas ramas, deduce que cuando usamos medios digitales tenemos un pensamiento superficial. Según Carr, “lo que se ve es una mente consumida por un medio. Cuando estamos ‘online’ a menudo nos mostramos ajenos a todo”. Gary Small, por su parte, afirma que el uso diario de ordenadores, ‘smartphones’ y otras herramientas informáticas “estimula la alteración de las células cerebrales y la liberación de neurotransmisores, fortaleciendo gradualmente nuevas vías neuronales al tiempo que debilita las viejas”.

En la digresión sobre el crecimiento de las puntuaciones en los test de inteligencia, el autor explica cómo el llamado efecto Flynn, que consiste en que los CI van en constante aumento en los últimos años, ha sido utilizado para defender “los programas de televisión, los videojuegos, los ordenadores e internet”.

Daniel Carr vuelve a nombrar a Sócrates haciendo alusión a lo que él postulaba: “A medida que la gente se acostumbraba a escribir sus pensamientos y a leer los que los demás habían escrito, se volvía menos dependiente de los contenidos en su propia memoria”. Dicho de otro modo, antes de la escritura la gente tenía más memoria, porque se tenían que acordar de las cosas, no podían consultarlo en ningún soporte visual.

 

La obra y su relación con el auge de la comunicación de masas

El libro de Nicholas Carr contiene varios puntos que tienen una estrecha relación con “El auge de la comunicación de masas”.

El primero y el más importante: la frase de McLuhan: el medio es el mensaje. Los medios nos dan forma, no importa el contenido que albergue, lo que nos cambia como sociedad en un periodo temporal largo, es el propio medio. El ser humano crea sus herramientas y luego estas forman al ser humano. Estas herramientas son usadas como extensiones del propio cuerpo. Por ejemplo, el automóvil o la bicicleta, son extensiones de nuestros pies, nos ayudan a ir más rápido y cansarnos menos.

Una parte muy interesante de la obra que se relaciona con “El auge de la comunicación de masas” es cómo la imprenta o la comercialización de libros, dio lugar a la lectura privada. Cuando llegó la imprenta, muchos lectores empezaron a leer en privado y a sacar deducciones y pensamientos internos que les conducirían a crear su propia opinión sobre algo. Muy pronto comenzarían a proliferar las imprentas, y con ello la creación de nuevos libros escritos, que daban una nueva forma de entender el mundo. Además, empezaron a multiplicarse diversas opiniones, la gente podía leer varios enfoques de un mismo tema. Lástima que años más tarde la mayoría acabasen en la hoguera (autores y libros), lo cual paralizó el conocimiento global humano. Tal y como señala Carr: “La arquitectura bibliotecaria misma evolucionó. Los claustros y cubículos privados, pensados para la lectura oral, fueron arrancados y sustituidos por grandes salones donde estudiantes, profesores y otros usuarios se sentaban juntos en largas mesas de lectura personal y silenciosa”. Estamos ante otro claro ejemplo de que “el medio es el mensaje”. El medio modificó a la sociedad, incluso su arquitectura.

Recordamos las cuatro categorías sobre las que el autor habla en su obra:

· Las que aumentan nuestra fuerza y resistencias físicas, nuestra destreza y nuestra capacidad de recuperación.

· Las que extienden el alcance o la sensibilidad de nuestros sentidos.

· Las que nos permiten remodelar la naturaleza para servir mejor a nuestras necesidades.

· Por último, las tecnologías intelectuales, que toman forma de lo comúnmente llamado herramienta.

Internet nos ha modificado la manera de pensar y de ser. Ahora, en la época de lo fugaz y la rapidez, nos cuesta muchísimo concentrarnos en la lectura de un libro denso, por ejemplo. Esto se lo debemos principalmente al de internet y también a la neuroplasticidad. Este fenómeno consiste en que el cerebro cambia sus conexiones y maneras de funcionar a lo largo de nuestras vidas, después de repetir continuamente ciertas acciones o hábitos. Activa nuevas conexiones y apaga otras que están en desuso. Ahora estamos hechos a leer o consumir micro cápsulas de contenido. Lo que nos ha llevado a crear una mente que “piensa en hipertexto” selecciona lo que más le interesa, para llegar a una conclusión cuanto más rápida mejor.

“Internet nos ha modificado la manera de pensar y de ser. Ahora, en la época de lo fugaz y la rapidez, nos cuesta muchísimo concentrarnos en la lectura de un libro denso”.

En cuanto al soporte de escritura como herramienta, tiene relación con “El auge de la comunicación de masas” bajo los estudios de Harold Innis y McLuhan. Es decir, la obra también trata el tema de los soportes en base a la utilización que los seres humanos le han dado y cómo estos han influenciado en los propios humanos. La invención de la escritura, supuso también el cambio de un mundo que se regía por lo verbal y auditivo; a otro muy diferente que empezaría a regirse por lo visual y la percepción espacial. Aquí se forjó la “mente lineal y literaria” que nos dio la ciencia, el arte y la consolidación de una sociedad que ansiaba evolucionar.

En definitiva, me parece una obra brillante. El autor explica de forma clara cómo el uso de internet nos está cambiando. Además, hace un repaso de la propia evolución humana, en base a las herramientas que hemos creado. De esta forma, se entiende mucho mejor cómo las nuevas tecnologías nos han dado forma, a la vez que todas sus precursoras. El alfabeto, el mapa, el reloj, el libro… todas estas herramientas han definido nuestro pasado y futuro, alterando nuestra propia existencia y transcurso como civilización. Ahora me queda absolutamente claro que “el medio es el mensaje”. El contenido es simplemente fugaz, mientras que el medio queda impreso en el ADN de nuestra sociedad. Es posible que estemos sacrificando nuestras más preciadas capacidades cognitivas actuales, pero… si las hubiese, ¿cuáles serían las capacidades cognitivas que nos deparará el futuro?

 

Autor: Iker Velasco

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