Desconectados

Parece que todo está inventado y pese a ello siguen saliendo nuevas oportunidades de negocio, nuevas vías para la innovación. Algo tan consolidado como la televisión pierde adeptos en favor de Netflix o HBO, algo tan rentable como la piratería para el consumidor pierde terreno con Spotify y algo tan imposible antaño como era comprar un libro descatalogado (o secuestrado) hace que me enorgullezca de mi suscripción a Amazon Premium. Ideas y proyectos que lucharon, abriéndose paso en la tierra fértil que todavía supone Internet.

El mundo cambia a pasos de gigante cada año en este universo caótico que supone la segunda década del dos mil. El mes pasado podría estar viciado a la distracción que ofrecían Pokemón o Snapchat, pero ahora forman parte de mi lista de apps desinstaladas. Esta tendencia seguirá con las nuevas generaciones, siempre conectadas y siempre cambiantes. Internet es nuestra principal (y a veces pienso que la única) ventana de negocio para una generación que, pese a todo, corre el riesgo de sabotearse a sí misma.

Decía Mark Renton en la película Trainspotting (1996) la siguiente frase: “Dentro de unos años no habrá hombres ni mujeres, sólo gilipollas”. No puedo estar más de acuerdo. Los millenials estamos cada vez más desconectados en nuestra eterna conexión.

La Guerra en Siria como escenario de conflicto internacional, la pobreza infantil en España, la corrupción o los fallos en el sistema político de mi país son cosas que no me interesan, no las quiero. Puede que no todos, sin embargo, una mayoría demanda otro tipo de informaciones/contenidos/tonterías teniendo toda la información habida y por haber entre sus dedos. Los jóvenes en su mayoría quieren Operación Triunfo, las Kardashians, alguna chorrada de C Tangana en una entrevista o el himno de España interpretado por Marta Sánchez. Toda esa porquería es cómoda, alivia y entretiene, nos calma como sociedad y es el narcótico perfecto para abandonar nuestra conciencia de individuo que vive por y para con los demás. Abandonamos el mundo a nuestro alrededor y todo lo que sucede a nuestro alrededor para ser yo, yo y más yo.

Somos vagos y, pese a lo que se diga, nada creativos. Todo es un remix de algo o una exageración de otro algo. Por ejemplo, vuelve todo el catálogo de Air Max a Nike y son un éxito de ventas, vuelve Star Wars como producto palomitero de gran calibre sin ideas y vamos a verla o vuelve un talent show idéntico a otra edición de hace veinte años y acudimos en masa a encender la tele. No inventamos nada ni creemos en nada, sólo queremos estar entretenidos.

Acabamos viviendo en una rueda de entretenimiento que mina el talento por nuestra intención de obviar la sensación de estar perdidos, necesitar saber más y esforzarse por comprender lo que estamos viendo. Lo fácil está bien, es necesario en muchos momentos, no obstante es perjudicial nutrir al cerebro sólo con eso. Aplaudimos los productos rentables al tiempo que los compartimos sin preguntarnos que quizá nos están amaestrando como generación porque tienen miedo de que les dejemos en fuera de juego como hacemos, como hicimos y como espero que hagamos. Tengo la esperanza de que algunos de nosotros quizá resistamos.

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