Algunos apuntes sobre ‘Correspondencia Jonas Mekas – J.L. Guerín’

Portada de ‘Correspondencia Jonas Mekas – J.L. Guerín’

Partiendo de la premisa de Jonas Mekas “el cine es reacción a la vida”, José Luis Guerín propone a Mekas realizar este proyecto a modo de correspondencias. Estamos entonces, ante un neo- documental que, atendiendo a lo superficial, busca mostrar al espectador la reacción a la vida de estos dos cineastas a partir de trozos de sus propias vidas. Vidas que avanzan al igual que el tiempo pasa, sin poder evitarlo.

Mientras todo sucede, los dos aprovechan para compartir sus reflexiones e ideas acerca de lo que el cine les ha dado: ya sea un viaje para hablar en una conferencia o la propia edición de un filme –en el que vemos las diferencias entre Mekas, que edita a la vieja usanza, y Guerín, que edita con tecnología más moderna–. El hecho de que Guerín evite mostrar su cara –aunque a veces la muestra en algún reflejo y otras veces muestra su sombra, no lo hace del mismo modo que Mekas– puede ser debido a una intención de aproximarse a su afición por escribir, de modo que busca ceñirse a su voz a modo de carta mostrando lo que él ve. Por otro lado, Mekas no tiene reparo en aparecer en pantalla, tal y como lo hace en los vídeo blogs de su web. En definitiva, es una manera de seguir completando esos trozos de realidad –del documental de su historia personal– que vienen rodando a lo largo de sus vidas, y, que, de algún modo, definen su forma de ver la vida –pasada, presente y futura–.

Fotograma de Correspondencia Jonas Mekas – J.L. Guerín

Estos vídeos nos muestran cómo se comportan en su día a día, cuáles son sus tareas, cómo se relacionan con otras personas, etc. Además, vemos en repetidas ocasiones referencias y guiños al mundo cinematográfico, por ejemplo: cuando Guerín nos muestra esa mirada a través de la ventana – indiscreta– referenciando a Murnau y los Lumière, que supone una mirada al pasado, una mirada a nosotros mismos como creadores del lenguaje cinematográfico.

Pero ¿qué quieren decirnos Guerín y Mekas realmente con sus correspondencias? El cine documental desde sus comienzos con “Nanook, el esquimal. 1922” intentó mantener un “estado constante de reflexión y experimentación sobre los sentidos de la representación de contenidos en la imagen”. Esto es exactamente lo que buscan nuestros dos protagonistas. No podemos negar, además, que lo que aquí vemos es una mezcla de los distintos formatos precursores: el cine ojo –el cual habla sobre lo cotidiano que nos rodea–, el cine modus vivendi o incluso el cine documento.

En estas piezas encontramos una experimentación poética, un desarrollo de la narración que nos muestra fragmentos de sus mundos, y, por supuesto, una dimensión retórica que nos acerca una visión sobre ellos mismos, que en realidad no deja de hablar sobre nosotros –seres humanos– como un todo.

Fotografía de Jonas Mekas

Aquí no se intenta mostrar –tal y como se hacía en los comienzos– una imagen transparente que el espectador tome como real, ni tampoco se intenta instruir al espectador dándole un uso propagandístico. Esto se extinguió –en su mayoría– tras las guerras mundiales, donde el espectador empezó a dudar de la transparencia de las imágenes. Este tipo de discurso es el claro ejemplo que contribuye a esa innovación del lenguaje que exigía el espectador escéptico de posguerra.

Por otro lado, aunque estamos ante un tipo de cine que va a contracorriente del cine comercial de Hollywood, no podemos decir que este formato es exactamente igual que la “imagen militante” que Godard tanto trabajó, ya que no lleva explicita una imagen revolucionaria contra el imperialismo a través de su discurso. Estamos más bien ante una aproximación poética del mundo por parte de los cineastas – claro ejemplo de Mekas sobre la vida y la muerte, mostrando las plantas o los pájaros cantar en un cementerio–, que llama nuestra atención, nos hace pensar y también dudar sobre lo que vemos. Jugando continuamente a la ambigüedad, el espectador es clave aquí para completar esa imagen inacabada que realmente nos hace reflexionar sobre lo que fuimos y somos como especie, sobre nuestros temores, sobre nuestros recuerdos y la admiración por recuperar unos y no otros momentos de nuestra memoria –cuando Mekas rebusca entre sus películas antiguas para utilizarlas en una nueva película que llamaría “Footage”–, sobre la muerte y la salud –los silencios de Guerín tras la entrevista a la posteriormente asesinada Nika Bohinc– o, simplemente, sobre cosas que se escapan de nuestras manos, pero que gracias a la cinematografía podemos sobrellevar de forma sosegada.

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